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José Escalzo Miguel: el obispo navarro que dejó su huella en Cádiz

11/02/2026

José Escalzo Miguel nació en Puerto Real hacia octubre de 1718, aunque su ascendencia se vinculaba a la noble casa Escalzo de Sesma, en Navarra. Ingresó en la orden benedictina y pronto destacó por su formación intelectual y su rigor religioso. Su trayectoria eclesiástica culminó en 1783, cuando fue nombrado obispo de la diócesis de Cádiz, una sede en la que desarrolló un episcopado breve pero muy significativo en la vida de la ciudad.

Hombre de ideas claras y sensibilidad ilustrada, Escalzo entendía el servicio a la Iglesia también como una forma de atender las necesidades materiales de sus fieles. La zona extramuros de Cádiz crecía en población y carecía de un templo parroquial propio, lo que obligaba a sus vecinos a desplazarse dentro de las murallas y dificultaba el acceso a los sacramentos. Consciente de esa carencia, impulsó la conversión de una pequeña ermita dedicada a San José en una iglesia parroquial que diera respuesta a la comunidad. Gracias a su empeño, y con la colaboración de los arquitectos Torcuato Cayón y Torcuato Benjumeda, en 1787 se inauguraba la nueva parroquia de San José, que pronto se convirtió en centro de referencia espiritual para la barriada.

La iniciativa no solo respondía a una necesidad religiosa, sino que también revelaba una visión urbana y social: dotar a los barrios en expansión de infraestructuras propias para afianzar la vida comunitaria. Con este gesto, el obispo Escalzo anticipaba una manera de entender el gobierno pastoral atenta a las transformaciones de la ciudad y a la integración de sus habitantes en la vida diocesana.

Su labor fue muy apreciada entre los gaditanos, que vieron en él a un prelado cercano, dispuesto a escuchar y a buscar soluciones prácticas a los problemas de su tiempo. Incluso tras su muerte, acaecida en 1790, su memoria siguió viva en la ciudad. Décadas después, en 1879, el Ayuntamiento de Cádiz dio su nombre a la calle adyacente a la parroquia de San José, como reconocimiento al obispo que había hecho posible la creación del templo.

La figura de José Escalzo Miguel resume la combinación entre tradición religiosa y espíritu reformador propia de la segunda mitad del siglo XVIII. Sin grandes discursos ni gestos solemnes, dejó una huella duradera a través de obras concretas que mejoraron la vida de sus feligreses. Así, desde su condición de navarro vinculado a Cádiz, representó esa corriente de prelados ilustrados que supieron adaptar la acción de la Iglesia a las realidades de una sociedad cambiante.

Su legado sigue presente en la parroquia de San José, que aún hoy constituye un espacio vivo de fe y convivencia, y en la memoria urbana de Cádiz, donde una calle perpetúa su nombre. De este modo, José Escalzo Miguel permanece en el recuerdo como un obispo que entendió que el verdadero servicio a Dios también pasaba por atender las necesidades cotidianas de su pueblo.