Los veranos en Peñíscola y los paseos por Estella dejaron una profunda huella en su interior. También lo hizo el piano, instrumento que aprendió a tocar de pequeña. Ya entonces, Ainara Mosén se planteaba un reto: "ayudar a los demás". Así, trabajó en un bufete de abogados y en Bosch and Siemens Home Appliances Group (BSH) antes de recalar hace seis años en la Oficina Europea de Patentes, en Múnich, donde ejerce como 'coach' en el Departamento Ombuds Office.
Hay un lugar en Estella que destaca por su originalidad y, quizá, también por el singular aura que desprende. Semioculto entre la maleza, atesora varias esculturas de gigantescas calaveras, donde nuestra protagonista solía caminar junto a su familia. En realidad, muchos desconocen que se trata de una obra creada por el artista Luis García y que responde al nombre de parque de los Desvelados. Pero Ainara Mosén ya sabía todo eso. Allí disfrutaba de la naturaleza y reflexionaba sobre "qué quería ser de mayor". ¿Profesora? ¿Abogada? ¿Pianista? Saltaba de una profesión a otra con rapidez en su mente, pero siempre tuvo algo muy claro: "Quería ayudar a los demás a ser felices".
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