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Textiles

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A los instrumentos tradicionales para el procesamiento de las fibras de origen vegetal y animal, la confección de las piezas de tejido y el vestido popular, se unen algunas prendas de moda internacional de principios del siglo XX. Destacan los trajes de roncalesa de finales del siglo XIX procedentes de Uztarroz.

Chaleco

Chaleco

Chaleco

Nº. inventario: 8345

Materia: Seda y brocado de hilo de seda.

Medidas cm.: 51,5x51

Datación: Finales del siglo XVIII-primer cuarto del XIX.

Uso: El chaleco nació como prenda larga masculina en el siglo XVII y durante el reinado del Rey Sol comenzó a confeccionarse en brocado y pedrería. A finales del siglo XVIII es cuando se generalizó la forma corta por encima del abdomen.

Comentario:

Este chaleco perteneció con probabilidad a Miguel José de Yriarte, nacido en 1775 en Oieregi (Bertizarana), quien fue un comerciante navarro dedicado al negocio de importación-exportación con ciudades de México como Monterrey y Veracruz. Esta prenda fue exhibida en Madrid con ocasión de la histórica Exposición del Traje Regional de 1925, origen de gran parte de las colecciones de indumentaria tradicional del actual Museo del Traje en Madrid.

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 Devanadera

Devanadera

Devanadera

Nº de inventario: 7189

Materia:  Madera recortada y torneada

Medidas cm.:  64x80

Procedencia:  Casa d'Arruget de St Jean de Pied-de-Port/Donibane Garazi (Baja Navarra)

Datación:
Siglo XIX-primer tercio del XX.

Uso:
Bastidor giratorio en el que se colocaba la madeja para ir enrollando el ovillo.

Comentario:
La devanadera ilustra una fase del proceso doméstico de hilado de las fibras vegetales o animales para la posterior elaboración en el telar de las piezas de tejido con las que se confeccionarían las distintas prendas de vestir.
Tras obtener varios centenares de metros de hilo, mediante la sabia utilización combinada de la rueca y el huso, el aparato manual llamado "madejador" componía las madejas, que se lavaban y, si convenía, se teñían con sustancias naturales. Antes de entregar esta materia prima al tejedor, era necesario hacer los ovillos y mezclar los colores de la futura tela, operación que se realizaba devanando la madeja en este bastidor. Luego, ya en el telar, se pasaban los hilos a las canillas y a las lanzaderas que iban componiendo el diseño final del tejido.
Los telares artesanales comenzaron un declive imparable a mediados del siglo XIX con la generalización del telar mecánico "jacquard" y con la difusión de la moda de las telas pintadas y serigrafiadas.

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