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Adaptación del texto de la obra José María Jimeno Jurío / de Roldán Jimeno Aranguren. Donostia : Eusko Ikaskuntza, D.L. 1998.

Jimeno Jurío en la década de los 70

Jimeno Jurío en la década de los 70

José María Jimeno Jurío nació el 13 de mayo de 1927 en la villa navarra de Artajona. Sus padres, Zacarías y Cornelia, tuvieron cuatro hijos: Jose María, el mayor, Jesús, María Soledad y Tomás.

Su niñez y juventud estuvieron marcadas por una sociedad rural y tradicionalista, que durante la guerra civil se vio sacudida por la exaltación religioso-patriótica del momento. Recién estallada la contienda, ingresó en el colegio que los Misioneros de los Sagrados Corazones acababan de crear en Artajona. Con doce años continuó los estudios en el colegio de Lluch (Mallorca).

De vuelta a casa, emprendió los estudios de magisterio, que terminó el 13 de octubre de 1946, y obtuvo el título de Maestro de Primera de Enseñanza. Desempeño su profesión en las escuelas de Noáin (1947) y Lerga (1947-1949), en cuya iglesia parroquial ejerció como organista. Su escuela conservó también hasta la última reforma las pinturas murales realizadas por el maestro. Una afición por la pintura que mantendrá a lo largo de su vida. Su participación, por entonces, en diversas fiestas y su carácter bromista y alegre le valieron el sobrenombre de Jaimito.

Poco después de obtener la licencia militar, fue admitido en el seminario de Pamplona (otoño de 1950), donde completó su formación humanística. Por entonces fundó en su pueblo, junto a otros artajoneses, la Asociación de la Aurora, para la que escribió y seleccionó repertorio musical.

Ordenado sacerdote en Pamplona (22 de julio de 1956), tres días después cantó su primera misa en Artajona, durante el matrimonio de su hermano Jesús. Su primer destino fue la parroquia de Santiago de Sangüesa. En 1958 pasó al Instituto Laboral de Alsasua, como profesor de religión, desempeñando también el cargo de jefe de estudios. Tras unos meses como coadjutor en Ujué, se trasladó en calidad de párroco a Bearin (1960-1963), acudiendo a dar clases al Colegio Diocesano de Estella.

Su relación con el secretario del Ayuntamiento de Estella, le llevó a recorrer el Camino de Santiago, junto a otros dos peregrinos, en búsqueda de información sobre sus pueblos. Su paso por Burgos y Frómista se proyectó en el noticiario NODO. La experiencia sirvió para impulsar el Camino, tan en boga décadas después. Fruto de ello fueron sus publicaciones en Ruta Jacobea y Príncipe de Viana.

La renovación de la Iglesia con el Concilio Vaticano II (1962-1965) también le afectó, a cuya clausura acudió en coche desde Navarra.

Por esos años se centró en el estudio de su villa natal y de la romanización en Navarra.

A partir de 1963, asignado a las parroquias de Asiáin y Arteta, intensificó su producción científica. Con una Navarra en cambio, José María vivió cada vez más concienciado por lo social.

Visitó Argentina, Chile, Portugal, Italia y Francia. En 1969 publicó su primer trabajo en la colección Navarra. Temas de cultura popular, dedicado a Artajona. Sus colaboraciones en la colección, dirigida por Jaime del Burgo, le obligaron a recorrer Navarra visitando lugares y consultando archivos. Los más de cuarenta títulos que firmó muestran su fructífera colaboración.

Aprovechó su estancia en Asiain para publicar en Príncipe de Viana noticias sobre el patrimonio retablístico de la zona e investigar sobre los pintores del lugar.

Eran tiempos de renacimiento de la cultura vasca, apadrinados por Aita Barandiaran, con quien colaboró en los Grupos Etniker o en las excavaciones de Aitzbitarte (Gipuzkoa). En 1968 participó en la película Ama Lur. Entonces empezó también su amor hacia el euskera, que le llevaría a recoger los testimonios perdidos de la lengua navarrorum.


En la presentación de uno de sus libros

En la presentación de uno de sus libros

Para Jimeno Jurío su transición personal culminó el 31 de mayo de 1970 con su secularización. En agosto de 1972 se casó con Elena Aranguren, junto a quien recorrió multitud de pueblos de Navarra para recoger testimonios etnográficos. En 1973 nació su único hijo, Roldán, en honor del protagonista del cantar sobre la batalla de Roncesvalles, que entonces estudiaba.

Durante el primer lustro de los setenta destacó su relación con Miguel Javier Urmeneta, director de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona. Con él compartió aficiones y amistad, desde la Biblioteca pública del barrio de San Pedro, dependiente de esa entidad, donde Jimeno Jurío trabajó como director desde 1970 a 1983. Allí creó un fondo especial dedicado a la Historia de Vasconia. El punto culminante a la colaboración con Urmeneta fue el libro sobre la historia de Pamplona (1974).

Tras la muerte de Franco vio frustrado su deseo de cursar la carrera universitaria de Historia. Influido por la realidad política, decidió dedicarse a la historia más reciente: el Estatuto vasco y Navarra, y las víctimas navarras en la Guerra de 1936. Su trabajo sobre el Estatuto vio la luz en la revista Punto y Hora de Eukal Herria, y parte de los materiales recogidos sobre la guerra civil sirvieron de base para la obra Navarra 1936. De la esperanza al terror (1986), de la que fue asesor.

Eran tiempos de una historia contemporánea comprometida, que completó con otros títulos, como la Historia Contemporánea de Navarra, escrita junto a Vicente Huici y Mikel Sorauren en 1982.

No dejó, sin embargo, los estudios etnológicos y folklóricos, publicados en las revistas Cuardenos de Etnología y Etnografía de Navarra y Dantzariak. Todo ello completado con su faceta de divulgador, gracias a las conferencias y charlas que por aquellos años prodigó por toda Navarra.

Tras dejar la Biblioteca de San Pedro en 1983, se dedicó preferentemente a la investigación, sobre todo de la toponimia. En noviembre de ese año, además, volvió a acceder a la Vicepresidencia de Eusko Ikaskuntza por Navarra.


Jimeno Jurío

Entonces Euskaltzaindia inició el proyecto del Onomasticom Vasconiae, con la recogida de la toponimia de la Comarca de Pamplona. El trabajo, realizado con Patxi Salaberri y publicado en seis volúmenes, fue galardonado con el Premio Extraordinario a la Investigación, otorgado por la Universidad Pública de Navarra.

Paralelamente, fue publicando en revistas especializadas sus numerosos trabajos toponímicos y sendos volúmenes sobre la toponimia de Tafalla y Burlada.

Todo ello sirvió de base para confeccionar el Nafarroako Herri Izendegia. Nomenclator euskérico de población de Navarra (1990), guía para la normalización de los nombres de las poblaciones y por la que se rige actualmente el propio Gobierno de Navarra.

Culminación a su labor en este campo fue el gran proyecto, pionero también a nivel internacional, Nafarroa, toponimia eta mapagintza. Navarra, toponimia y cartografía. Patrocinado por el Gobierno de Navarra y dirigido por Jimeno Jurío, sus sesenta tomos son imprescindibles para todo aquel interesado en la investigación del espacio geográfico navarro.

Una línea de investigación unida a esta, fue la de la historia del euskera, centrada en distintas comarcas de Navarra, pero sobre todo en la ciudad de Pamplona. La revista Fontes Lingua Vasconum vio la publicación de muchos de estos trabajos. Su última gran aportación en este campo fue Navarra. Historia del Euskera (1997).

Mientras tanto Jimeno Jurío no abandonó sus estudios etnológicos y folklóricos. Su producción más prolija en este periodo estuvo dedicada al calendario festivo.

En los años 80 y 90 su compromiso con la investigación sobre el euskera alternó con su participación en actos populares a favor de la misma, como la Korrika o Nafarroa Oinez, entre otros muchos.

Nuevas instituciones científicas y culturales lo tuvieron entre sus socios fundadores: la Sociedad Vasca de Historia de la Medicina (1984), el Instituto Gerónimo de Uztáriz (1985) o el Ateneo Navarro (1985).

José María Jimeno Jurío falleció el 3 de octubre de 2002 en Pamplona. Hasta su muerte siguió abordando diferentes temas históricos: la romanización, la ruta jacobea, la historia medieval, moderna y contemporánea de Navarra… Su enciclopédico trabajo investigador ha hecho de él un referente imprescindible para conocer nuestro pasado y presente.

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