Pamplona, 22-27 febrero 

Heterodocsias: La mano que mira


La mano que mira

Trayectos y experiencias de La Mano que Mira

Probablemente, hace unos pocos meses, ninguno de los integrantes del festival Punto de Vista tenía una idea precisa de lo que iba a ser La mano que mira. De hecho, incluso todavía ahora hay muchas zonas inexploradas y bastantes imágenes que deberán ser convocadas sin que nada, todavía, pueda ser dicho de ellas.

La base de partida decidió arrancar a través de un pretexto mínimo, una excusa formal y siete cineastas-viajeros que aceptaron ser parte del experimento y experimentar. Lo que ya se ha hecho público es escueto. Se trata de siete cineastas: Andrés Duque, Albert Alcoz, María Cañas, Lluis Escartín, Gonzalo de Lucas, Víctor Iriarte y Rafael Tranche.

A todos ellos se les hizo entrega de una herramienta idéntica: un teléfono móvil, Nokia N-95. Un concepto: hacer un diario de viaje. Y una limitación temporal: el trabajo debe ser concluído en Pamplona, justo cuando arranque la edición de 2008 del Festival Punto de Vista. Por razones de operatividad, se estima que sus películas-obras deberan asumir una duración concreta: alrededor de diez minutos. Lo demás, es lo que importa, y para ello no hay cortapisas.

La mano que mira nace dentro de la iniciativa Heterodocsias, una sección, una actitud y una necesidad del festival Punto de Vista. El año pasado esbozó un mapa de la historia del documental español. En esta edición la propuesta pretende enfrentarse a las nuevas prestaciones tecnológicas con afán reflexivo.

Decía Robert Bresson que "Crear no es deformar o inventar personas y cosas. Crear es establecer entre las personas y cosas que existen, y tal y como existen, relaciones nuevas". Y eso es lo que, cada uno a su manera, pretende hacer en La mano que mira.

Pero ¿por qué "La mano que mira"?

Desde que el uso de cámaras de vídeos incorporadas a los teléfonos móviles se ha convertido en una prótesis generalizada por la que ya nada acontece sin que alguien imprima su huella, comienzan a abundar certámenes y concursos de películas realizadas con el móvil. Sin desemerecer estas iniciativas, no era eso lo aquí nos ocupa y nos interesa.

Muchas veces, la necesidad de llamar la atención, reduce estos nuevos textos fílmicos a una colección de accidentes verdaderos que parecen añadir crueldad innecesaria a los viejos slapitsck del cine silente. Otras, se diría, que surgen como un cruce bastardo entre la imagen construída y el chiste.

Es paradójica la fuerza con la que reaparecen los filmes de la protohistoria cinematográfica cada vez que surge un formato nuevo. Ocurrió con el vídeo medio siglo atrás y ahora vuelve a aparecer bajo la llamada del soporte digital. Si el lector visita con asiduidad el blog que ha surgido alumbrado por esta experiencia http://lamanoquemiralamano.blogspot.com, observará cómo alguno de los participantes, pese a su evidente juventud, parece añorar el viejo celuloide en un gesto de nostálgica ironía.

¿Andamos y reandamos siempre el mismo camino? Bueno, esa será también otra de las tramas sobre las que se arrojará luz y opiniones en las próximas semanas.

No obstante, la verdadera cuestión es otra.

Esta mano que mira sabe, sin duda, del hombre-ojo pero en cuanto cámara que puede aprehender de lo real aquello que se pone en su línea de alcance, es capaz de recoger incluso lo que la retina del autor no alcanza a ver. Al mismo tiempo, también hace que quien filma se beneficie, liberado del aparataje convencional, de una suerte de invisibilidad.

O sea que son muchos los matices y las preguntas que surgen en este campo y para adentrarnos en ellas tendremos la inestimable colaboración de siete cineastas que durante meses han ido experimentando con una herramienta para aportar no sólo siete propuestas cinematográficas sino una experiencia compartida y un bagaje de discusiones, opiniones, incertidumbres y vivencias. A todo esto le hemos llamado La mano que mira.

Juan Zapater